Federación de Sanidad y Sectores Sociosanitarios de CCOO Castilla y León | 21 febrero 2024.

14/04/2022

La economía acaba derrotando a la salud

  • Artículo de opinión de Salvador Escribano, médico de Atención Primaria

Era algo cantado que iba a suceder antes o después. De hecho ya hemos tenido antecedentes al finalizar, o mejor dicho, cuando parecía que finalizaban las anteriores ondas pandémicas. Porque siendo cierto que las cifras descendían nos olvidábamos de todas las medidas preventivas y acabábamos con todo tipo de restricciones como respuesta a las presiones del mercado

14/04/2022.
Curva de coronavirus en Castilla y León actualizada a 22 de abril de 2022

Curva de coronavirus en Castilla y León actualizada a 22 de abril de 2022

Hemos visto unas cifras disparadas, seguramente por la variante ómicron, pero sin olvidar que las variantes anteriores han seguido circulando, como lo demuestran las distintas sintomatologías de los contagiados actuales.

Las cifras se dispararon y la respuesta fue rebajar las cuarentenas, en algunos países hasta los cinco días. En España se barajó pero está claro que el sonrojo que produce rebajar cuarentenas por debajo de los periodos de incubación, que por otro lado se afirma que no se conocen con exactitud, lo dejó en unos insuficientes siete días. Está claro que esta decisión de rebajar cuarentenas es una victoria de la economía sobre la salud, calculando que pueden ser preferibles unas pocas muertes a un presunto hundimiento empresarial. Ahora incluso hay quien anula por completo las cuarentenas y todo tipo de restricciones, actitud contraria a cualquier criterio epidemiológico.

Las cifras se dispararon y respondíamos queriendo rebajar la importancia de la enfermedad por métodos semánticos: pasar de pandemia, con su carga de importancia y peligrosidad, a endemia, que suena aceptable y más leve; afirmar que el contagio es más fácil pero la mortalidad es menor, algo desmentido por los datos objetivos.

Los casos se dispararon y al mismo tiempo se hablaba de un descenso en el número de casos, justamente cuando se pone al alcance de los ciudadanos la posibilidad de realizar sus propios test en la intimidad de sus casas. Test de cuyos resultados negativos hay que dudar porque no se sabe si se están haciendo bien. Y test cuyos resultados positivos figuran o no figuran en los registros oficiales según la voluntad de cada persona y los motivos por los que se haya querido hacer el test.

Las cifras se dispararon y desde algunos ámbitos se propuso “gripalizar” la Covid-19, o lo que es lo mismo, dejar de contar casos y seguir mediante muestras de una red centinela. Dejando de lado la importancia y excelente labor que las redes centinela desarrollan, hacer esto con una enfermedad con alto potencial de matar en un momento en que los casos se disparan no parece de recibo ni siquiera teniendo el altísimo porcentaje de vacunados con pauta completa, incluyendo dosis de refuerzo, existente.

Los casos oficiales estaban bajando y se propuso que a partir de entonces sólo nos fijemos en los ingresos hospitalarios y en la ocupación de las UCI, y eso aunque las muertes diarias se eleven por encima de la primera onda. Y se propuso que se distingan los ingresos por Covid-19 y los ingresos con Covid-19, disminuyendo así, tal vez, el número de casos. Íbamos a dejar de contarlos?

Los casos oficiales estaban bajando y no consideramos el infrarregistro que suponen no sólo los autotest, sino los casos leves que se escapan por no acudir a su centro de salud, o como sucedió en la primera onda pandémica, aquellos casos que aún cumpliendo con la sintomatología clínica en las consultas telefónicas eran desechados por no cumplir criterio epidemiológico. Y se nos escapan y por tanto no se registran todos los asintomáticos que sí contagian y que siguen siendo un peligro para los demás.

No podemos olvidar que el infrarregistro se ha dado desde el primer momento, cuando se dejó de lado a la Atención Primaria, y eso nos ha impedido conocer con certeza las tasas reales de incidencia y de letalidad de la Covid-19. Es cierto que todas las ondas siguientes han contabilizado más casos que la primera y que esta sexta ha superado con creces a todas las anteriores, incluyendo a la también explosiva tercera onda que se dio en el invierno anterior, también coincidiendo con puentes y festividades, factor de riesgo donde los haya.

Este incremento de notificación de casos puede haber estado marcado por la mayor existencia de test de confirmación de todo tipo, que permitió detectar también a los asintomáticos y prescribir cuarentenas preventivas en los contactos de riesgo. Ahí nos hemos encontrado con la dificultad de conocer a todos esos contactos, que muchas veces los casos ocultaban; pero surgió también la enorme dificultad de realizar todos los rastreos y la duda de si los rastreos que se hacían eran los correctos. Demasiadas dificultades para unos sanitarios sobrepasados y con escasa colaboración externa.

Y comprobamos también la escasa importancia que se ha dado a los muy precarios servicios de Salud Pública, de Epidemiología, que no han tenido el sitio que esta situación requería, y que tampoco parece que haya intención de reforzarlos adecuadamente a pesar de que se anuncien nuevas futuras y cercanas pandemias. A lo mejor es el momento de escuchar a estos profesionales, a inmunólogos y microbiólogos, y no a tantos profesionales asistenciales, gestores políticos y asociaciones empresariales para tomar las decisiones más acordes con la realidad y con la evolución de esta enfermedad.

Los casos oficiales bajaban, se supone, y se ha decidido al fin olvidarnos de las medidas preventivas y de contar los casos a diario. De hecho ya no se habla de la Covid-19, pese a que en estos momentos vuelvan a subir los casos, aunque por el momento la forma de esta nueva onda es de meseta, en la media de las ondas segunda y quinta y muy por encima de la cuarta.

Continuamente se habla del fin de la pandemia, que no es el fin de la enfermedad. Sin embargo, también se ha proclamado que algún experto de renombre mundial había afirmado que el virus y la pandemia habían muerto. Y lo que ha dicho, por ejemplo, Adolfo García Sastre, es que una pandemia se acaba cuando se deja de hablar de ella. Y eso es lo que está pasando ahora, cuando los casos vuelven a repuntar pero ya no se cuentan a diario y ya no se informan. Porque epidemiológicamente un brote epidémico de una enfermedad infectocontagiosa sólo se puede dar por resuelto definitivamente cuando pasen dos periodos de incubación sin que se produzcan casos nuevos. Y eso está muy lejos de que se produzca.

La economía acaba derrotando a la salud. Al final es más importante abrir todo tipo de comercio, sin restricciones, que el agotamiento de unos sanitarios sometidos cada vez a más presión. Ese es el motivo determinante por el que se va a declarar el fin de la pandemia, porque aunque sigan dándose casos dejarán de contarse, y aunque sigan produciéndose fallecimientos dejarán de ser datos para quedarse en meras cifras que pasen desapercibidas entre las muertes debidas a otras causas.

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