Dónde está la Atención Primaria?

  • Artículo de Opinión de Salvador Escribano, médico de Atención Primaria

Ahora que nuestro país está sufriendo la peor crisis sanitaria desde hace 102 años se echa de menos una adecuada organización sanitaria, la misma que se empezó a poner en marcha a mediados de los años 80 del pasado siglo y que poco a poco se ha ido dejando caer en virtud de vaya usted a saber qué intereses

02/04/2020.
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Hemos reclamado una mayor dotación económica para el desarrollo de la Atención Primaria, de una Atención Primaria cercana, capaz de prevenir la enfermedad y promover la salud del individuo y de la comunidad, bajo un enfoque biopsicosocial. Estamos volviendo a aquella etapa anterior, la de la Atención Médica Primaria, la centrada en la recuperación de la salud una vez que se ha perdido en vez de avanzar hacia la que con criterios epidemiológicos y de Salud Pública consiga prevenir la enfermedad o evitar su propagación en el seno de la comunidad, como debería ser el caso actual.

En Castilla y León, el nuevo equipo de la consejería de Sanidad se ha cansado de hablar de la importancia de la Atención Primaria y de la Salud Pública y sin embargo su reforma, detenida temporalmente, ha comenzado por continuar recortando recursos, por desmantelar zonas de salud, como ha hecho en Aliste saltándose todas las normas y dejando en peligro a la población. Se ha continuado con la política de recortar recursos humanos en Atención Primaria, de mantener el presupuesto en vez de invertir en mejoras diagnósticas, prometidas para un futuro desconocido.

Ahora, cuando ha llegado el problema, la opción que se ha tomado es la de cerrar los Centros de Salud, como en Madrid, o la de impedir que la población acuda a los centros de salud. Una medida que si bien es cierto que favorece el aislamiento y disminuye la posibilidad de contagio está dejando a la Atención Primaria arrinconada y casi sin más función que hacer el seguimiento telefónico de aquellas personas que se señalen desde los hospitales. O lo que es lo mismo, se ha relegado a la Atención Primaria a un papel casi administrativo, donde los profesionales teóricamente mejor preparados para enfrentar una epidemia por su enfoque integral de la salud y la enfermedad se ven apartados de su verdadero e importante papel.

Una dotación adecuada de recursos humanos y diagnósticos hubiera permitido detectar antes y controlar la propagación de la enfermedad entre la población. Una dotación adecuada de recursos humanos permitiría continuar con la labor integral de la atención a la comunidad, que ahora corre el riesgo de que con toda la atención centrada en la COVID-19 no se le detecten otras patologías más o menos graves. Porque la vida sigue, la enfermedad sigue y no todo es coronavirus.

Ahora, cuando la enfermedad ha aparecido y se ha propagado entre la población, la respuesta ha sido más hospitalocentrismo. Es evidente que los casos graves tienen que ser atendidos en el hospital, que muchos enfermos precisan estar ingresados y en Unidades de Cuidados Intensivos. Nadie puede negarlo. Lo que no está tan claro es que los test de detección del SARS-CoV-2 tengan que hacerse en un triaje a la puerta de los hospitales, montando unas espectaculares tiendas que parecen más destinados a los medios de comunicación que a la efectividad de un recurso que puede hacerse en los propios centros de salud, perfectamente preparados para ello. Tampoco está tan claro que sean necesarios esos “hospitales de campaña” destinados en principio a pacientes con sintomatología leve y que podrían estar en sus domicilios y atendidos por sus equipos de Atención Primaria, por sus médicos y enfermeras de siempre, los que les conocen. Lo único que está claro es que las administraciones sanitarias hacen gala de hospitales y de montar a veces innecesarios lugares de convalecencia, que no de atención y que ignoran y silencian la labor de la Atención Primaria.

Así pues la respuesta ha sido volver la mirada hacia los hospitales y dejar de lado a los Centros de Salud, a esa primera línea de atención a la población. Sacan a profesionales de sus centros para reforzar hospitales, algo innecesario. Dedican profesionales de Atención Primaria a atender residencias de tercera edad, algo que tiene su lógica por la labor sanitaria en la comunidad pero que no la tiene cuando dedican recursos públicos a atender a empresas privadas, que procuran no tenerlos, sustrayéndolos de los centros públicos.

Luego se quejarán de que los pacientes acudan en exceso a las urgencias de hospital, de que los pacientes vayan demasiado a las consultas de los otros especialistas, pero es que si en esta ocasión en que la Atención Primaria es más necesaria que nunca la respuesta oficial es su ninguneo y el recurso al hospital, es normal que al final la población recurra a éste, obviando una Atención Primaria más desmantelada y desprestigiada desde la propia administración sanitaria, en evidente perjuicio de la ciudadanía.

Nuestra consejería de Sanidad también se llenó la boca de hablar de Salud Pública a la que tampoco se hace visible ahora que se necesita. Y nuestra comunidad tiene una excelente Red de Vigilancia Epidemiológica, integrada por cierto por sanitarios de Atención Primaria y de servicios territoriales y un equipo en los propios servicios centrales reconocido a nivel nacional e internacional. Pero la consejería le niega la visibilidad necesaria, de manera que no conocemos si sus trabajos y sus informes están siendo utilizados para enfrentar esta pandemia y sus terribles consecuencias.

Cuando todo esto pase habrá que ver qué lección habremos aprendido. Es de temer que volveremos a la falta de previsión, a un decir que estas cosas pasan cada 100 años y tenemos tiempo por delante. Es de temer que la solución sea que hay que invertir más en Atención Hospitalaria, que es la que al final resuelve, y recortar más en Atención Primaria que en el fondo aunque se vea sobrepasada siempre tendrá esa segunda línea que solvente la situación. Es de temer que la conclusión sea que la Salud Pública no ha sido capaz de prever lo que se avecinaba y por tanto no importe tanto su existencia para la salud humana.

Pero las conclusiones deberían ser otras: sí a invertir en recursos materiales para hospitales pero sí también a invertir más en recursos materiales para Atención Primaria y en Salud Pública. Sí a incrementar los recursos humanos en estos tres ámbitos, mejorando sus condiciones de todo tipo para conseguir la efectividad y eficiencia necesarias. Sí a acabar con los recortes. Sí a dar el valor y la importancia que cada uno tiene, lo que en el caso de la Salud Pública pasaría por la creación inmediata de los Cuerpos de Médicos y Enfermeros de Salud Pública y Administración Sanitaria.

La pregunta es si nuestra administración sanitaria será capaz de rectificar y tomar la dirección correcta o se empeñará en el desmantelamiento y precarización de la Atención Primaria, la dedicación a una Atención Hospitalaria a la que también se minorizan los recursos y a dar la espalda, una vez más, a la Salud Pública a la que sin motivo se niega peligrosamente su razón de ser, en detrimento de la salud de la población.

Y ese no es el camino de profundización en la sanidad pública, sino más bien la dirección de la privatización y la negativa del derecho a la salud de la población.

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