Federación de Sanidad y Sectores Sociosanitarios de CCOO Cantabria | 8 julio 2020.

28 de mayo 2020, Día Internacional de Acción por la Salud de las Mujeres

    Hoy, la reivindicación de la Federación de Sanidad y Sectores Sociosanitarios de CCOO (FSS-CCOO) no puede ser otra que una sociedad donde todas las personas tengan iguales derechos y oportunidades en la vida y en la salud, así como un sistema sanitario público universal, con perspectiva de género, bien financiado y libre de discriminaciones y privatizaciones.

    28/05/2020.
    Cartel 28M. Igualdad también en la Salud

    Cartel 28M. Igualdad también en la Salud

    Fue en 1987 cuando la Red de Salud de las Mujeres Latinoamericanas y del Caribe propuso la conmemoración del 28 de mayo como ‘Día de Acción y Lucha por la Salud de las Mujeres’. En un principio, lo que impulsa esta propuesta es la necesidad de denunciar y combatir las terribles tasas de mortalidad maternas, pero con los años el concepto de "salud de las mujeres" se ha ido ampliando mucho más allá de los derechos sexuales y reproductivos hacia un concepto de salud integral, adaptándose también a las necesidades de cada región del mundo.

    Este año, el Covid-19 nos ha situado en un contexto de crisis social y sanitaria que ha ahondado en las muchas brechas de desigualdad que fracturan nuestra sociedad. Asimismo, ha puesto de manifiesto la debilidad de unos servicios públicos, especialmente sanidad y servicios sociosanitarios, mermados por los recortes, las privatizaciones y la infradotación.

    En cuanto a la afectación de la pandemia por sexos, a pesar de que hay pocos datos desagregados, el mayor índice de contagios lo están presentando las mujeres. La causa es sin duda la gran feminización de esos “trabajos esenciales”, que han estado en primera línea de lucha contra la enfermedad. Concretamente, el personal sanitario, que está compuesto en un 76% por mujeres, ha representado el 26% de todas las personas contagiadas, un altísimo porcentaje que pone en evidencia la alta desprotección que han sufrido las plantillas.

    Las mujeres tenemos una biología diferente y, en consecuencia, una manera diferente de cursar las enfermedades (morbilidad diferencial) y reaccionar a los medicamentos; por otro lado, nuestra realidad social también es diferente, cosa que repercute de manera importante en nuestra salud. En un momento en el que el mundo entero está volcado en investigaciones sobre el virus y buscando una vacuna, hoy demandamos, una vez más, que las ciencias de la salud, la investigación de enfermedades y fármacos necesitan perspectiva de género para ser eficientes.

    Pero la vida humana, a pesar del Covid-19, se sigue abriendo paso, y nuestros derechos sexuales y reproductivos siguen siendo derechos humanos que no se pueden posponer ni relegar, además de un tema importante de salud pública.

    Aunque en España se han elaborado numerosos protocolos de cómo se han de dispensar los cuidados necesarios para asegurar el ejercicio de este derecho durante la pandemia, tanto por parte de la Administración como por organizaciones profesionales y asociaciones, debemos decir que el exceso de información cambiante y un sistema sanitario colapsado, han dibujado un panorama caótico y preocupante. Porque si parir es una de las experiencias físicas y psicológicas que más esfuerzo requieren en la vida de una mujer, hacerlo en tiempos de Covid-19 ha tenido un plus importante de angustia e incertidumbre. Desgraciadamente, durante estos meses hemos tenido noticias de muchas prácticas no justificadas que constituyen violencia obstétrica, como por ejemplo, no aplicar la epidural a las madres como previsión de un futuro desabastecimiento de este medicamento, despreciando el dolor del parto; cortar sistemáticamente el cordón umbilical de manera precoz; no permitir la lactancia materna directa a las madres con Covid-19, sin sopesar cada caso; inducir el parto injustificadamente (con el alto riesgo de acabar en cesárea que conlleva) a las mujeres positivas o no, o negar sistemáticamente a todas las madres ser acompañadas por su pareja en el parto (negativas o no).

    En cuanto al derecho al aborto, que es una prestación urgente que no se puede posponer, el estado de alarma, el confinamiento, y la dificultad de acceder a la Atención Primaria que es de donde parte su gestión, seguro que ha puesto dificultades a las mujeres que han decidido no ser madres. Sin embargo, según Francisca García, Presidenta de ACAI (asociación de clínicas acreditadas para practicar la interrupción voluntaria del embarazo) las clínicas han estado abiertas y preparadas con los medios de protección y medidas de seguridad establecidas por la Administración. A la espera de datos oficiales, la información que facilita ACAI nos hace pensar que, aunque seguro con muchas más dificultades, las mujeres han podido acceder al derecho.

    Hablando de inequidades en salud no podemos olvidar la violencia de género, una verdadera "pandemia permanente", que lastra de manera terrible la salud y la vida de mujeres, hijos e hijas. El confinamiento ha hecho que el mal trato, ya sea violencia de género, doméstica, o intragénero, sea mucho más crudo, así como más dificultosa la atención a las víctimas. Las llamadas al 016 han subido un 44%, y aunque valoramos positivamente las medidas que el Gobierno ha puesto en marcha, pensamos que es necesaria también, más que nunca, la implicación social. Desde aquí queremos animar a toda la ciudadanía, vecinos y vecinas, familias, a que denuncien la violencia que puedan percibir.

    Si hablamos de desigualdades en la salud entre mujeres y hombres, en tiempos de confinamiento, cierre de colegios, guarderías y centros de mayores, debemos tener en cuenta el trabajo doméstico y familiar que ha aumentado exponencialmente, y que de manera muy mayoritaria desarrollamos las mujeres. Este trabajo invisible y no remunerado también implica la exposición a riesgos para la salud ergonómicos, psicosociales, biológicos, de altas cargas de trabajo etc; y también produce accidentes y enfermedades para las que no hay ni prevención ni recuento, porque son invisibles al igual que el trabajo que las provoca. Verdaderamente urge la corresponsabilidad social y de los hombres en los trabajos de los cuidados que todavía pesa sobre nosotras afectando a nuestra salud.

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