Federaci贸n de Sanidad y Sectores Sociosanitarios de CCOO Madrid | 7 septiembre 2026.

El precio de cuidar: la realidad de la juventud sanitaria y sociosanitaria

    11/08/2026.
    El precio de cuidar: la realidad de la juventud sanitaria y sociosanitaria

    El precio de cuidar: la realidad de la juventud sanitaria y sociosanitaria

    Cada 12 de agosto se celebra el Día Internacional de la Juventud. En 2026, Naciones Unidas ha elegido el lema "Different Contexts, Common Aspirations" ("Contextos diferentes, aspiraciones comunes"), un mensaje que pone de manifiesto una realidad evidente: las personas jóvenes viven situaciones muy diversas, pero todas comparten el derecho a construir un proyecto de vida digno.

    Sin embargo, para miles de jóvenes que trabajan en la sanidad pública, privada o en el sector de la dependencia, ese proyecto continúa estando lleno de incertidumbre. Paradójicamente, hablamos de quienes cuidan de la salud y el bienestar de la sociedad, pero que siguen encontrando enormes dificultades para desarrollar su propia vida con estabilidad.

    En España, se necesitan cada vez más profesionales de la salud. Con una sociedad cada vez más envejecida y con el incremento de problemas crónicos, la creciente demanda asistencial y la falta de relevo generacional hacen imprescindible atraer y fidelizar talento joven. Sin embargo, la realidad laboral que encuentran gran parte de profesionales sigue marcada por la temporalidad, la precariedad y unas condiciones económicas que no responden a la responsabilidad que asumen cada día.

    En la sanidad pública, las nuevas generaciones siguen accediendo al empleo en un contexto marcado por la inestabilidad. Los contratos de corta duración, los llamamientos con escaso margen de aviso, la rotación entre los servicios, las jornadas parciales no deseadas y los años encadenando sustituciones hacen muy difícil tener planes de vida a corto y medio plazo. La falta de estabilidad durante los primeros años de ejercicio profesional y la lentitud en la consolidación del empleo desincentivan la permanencia en el sistema y dificultan el relevo generacional que la sanidad pública tanto necesita. Esta falta de expectativas lleva a buena parte de trabajadores y trabajadoras a retrasar decisiones personales y laborales y buscar oportunidades fuera de España o incluso fuera de la profesión sanitaria. El sistema sanitario español forma a grandes profesionales para que después se pierdan por no ser capaz de ofrecerles unas condiciones dignas de trabajo acordes con su cualificación y responsabilidad.

    En la sanidad privada, la juventud trabajadora se incorpora a un sector que ha experimentado un importante crecimiento en los últimos años, pero donde ese aumento de la actividad no siempre se ha traducido en una mejora equivalente de las condiciones laborales. Si bien en muchas categorías profesionales predominan los contratos indefinidos, esta mayor estabilidad contractual convive con plantillas ajustadas, una elevada presión asistencial, mientras los márgenes empresariales y los beneficios de los grandes grupos privados no dejan de crecer sin que ello se traduzca en una mejora equivalente de las condiciones laborales ni salariales de las personas trabajadoras, dificultades para conciliar la vida personal y profesional y unos salarios que continúan sin reconocer adecuadamente la cualificación, la responsabilidad y el compromiso que exige el desempeño de estas profesiones. Todo ello contrasta con el incremento sostenido de los márgenes empresariales y los beneficios de los grandes grupos privados, que no se está traduciendo en una mejora proporcional de las condiciones laborales y salariales de las personas trabajadoras. Esta realidad dificulta la fidelización del talento joven y hace que muchas trabajadoras y trabajadores piensen en la sanidad privada como una etapa transitoria, en lugar de un ámbito donde construir un proyecto de vida y desarrollar una carrera profesional con estabilidad y perspectivas de futuro. Una situación que compromete el relevo generacional que el sector necesita para garantizar su sostenibilidad y la calidad asistencial.

    La situación es aún más preocupante en el sector de la dependencia. Las gerocultoras, enfermeras, fisioterapeutas, terapeutas ocupacionales y el conjunto de profesionales que cuidan diariamente de las personas de edad realizan un trabajo de enorme valor social, pero continúan soportando ritmos de trabajo intensos y una insuficiente dotación de personal que repercute tanto en sus condiciones laborales como en la calidad de la atención, así como unos salarios tan bajos que en muchos casos están por debajo del SMI. Se trata además de un sector profundamente feminizado, donde la infravaloración histórica de los cuidados sigue traduciéndose en peores salarios, mayor parcialidad y menos reconocimiento profesional.

    La precariedad laboral ya no puede entenderse únicamente como un problema de empleo. Hoy afecta directamente al proyecto de vida de toda una generación. Tener trabajo ya no garantiza poder emanciparse. Los elevados precios de la vivienda, tanto en alquiler como en compra, absorben una parte cada vez mayor de los salarios, obligando a muchos jóvenes sanitarios a retrasar su independencia, compartir vivienda durante años o permanecer en el domicilio familiar pese a contar con un trabajo. Para quienes trabajan en hospitales, residencias o centros sanitarios lejos de su lugar de origen, el problema se agrava: los alquileres elevados y la falta de vivienda asequible limitan la movilidad profesional y dificultan cubrir plazas en zonas tensionadas o rurales.

    Esta realidad tiene consecuencias profundas. Retrasa la formación de nuevos hogares, dificulta la conciliación, condiciona las decisiones personales y genera una creciente sensación de incertidumbre. A ello se suma la pérdida de poder adquisitivo sufrida en los últimos años. Aunque los salarios han experimentado incrementos en determinados ámbitos gracias a la negociación colectiva, el aumento del coste de la vivienda, la lista de la compra, la luz, la gasolina y otros bienes esenciales ha reducido significativamente la capacidad económica de la juventud trabajadora.

    En este contexto, muchos jóvenes acceden al sector con ilusión y vocación, pero las condiciones laborales hacen que esa motivación se desgaste rápidamente y terminen buscando alternativas que les ofrezcan un futuro más estable. La fuga de talento no es fruto de la falta de compromiso de las nuevas generaciones, sino de un mercado laboral que, en muchas ocasiones, no es capaz de ofrecer unas condiciones laborales, salariales y de desarrollo profesional acordes con la cualificación, la responsabilidad y el compromiso que exige el ejercicio de las profesiones sanitarias.

    Desde la FSS-CCOO llevamos años advirtiendo de que el principal desafío del sistema sanitario no es únicamente incorporar nuevos profesionales, sino conseguir que quieran quedarse. No habrá relevo generacional si las nuevas personas profesionales continúan encontrando contratos temporales, jornadas parciales no deseadas, salarios insuficientes y dificultades para acceder a una vivienda digna.

    Por ello, la negociación colectiva adquiere una importancia decisiva. Mejorar los convenios colectivos de la sanidad privada y de la dependencia significa mejorar la vida de miles de jóvenes trabajadores/as. Incrementar los salarios, reducir la precariedad, reforzar las plantillas, mejorar las ratios de personal, garantizar carreras profesionales atractivas, favorecer la conciliación, proteger la salud física y mental de las plantillas y potenciar la implantación efectiva de los planes de igualdad y de las medidas para garantizar los derechos de las personas LGTBIQA+ y en los centros de trabajo son actuaciones imprescindibles para construir sectores más fuertes, igualitarios y sostenibles. Del mismo modo, en la sanidad pública es necesario impulsar políticas de empleo que reduzcan la temporalidad, agilicen los procesos de estabilización y ofrezcan itinerarios profesionales que permitan a las nuevas generaciones desarrollar su carrera con estabilidad, igualdad de oportunidades y expectativas de futuro.

    Pero la respuesta no puede recaer únicamente sobre la negociación colectiva. Es necesaria una apuesta decidida de las administraciones públicas para reforzar el Sistema Nacional de Salud, incrementar la financiación de la dependencia, desarrollar políticas eficaces de acceso a la vivienda y situar a la juventud en el centro de las políticas públicas. Invertir en la juventud sanitaria no es un gasto, sino una inversión estratégica para garantizar el relevo generacional, fortalecer la calidad de la atención y asegurar el futuro de unos servicios sanitarios y asistenciales que serán cada vez más necesarios.

    El lema elegido por Naciones Unidas nos recuerda que las aspiraciones de la juventud son comunes: estabilidad, oportunidades, reconocimiento y un futuro mejor. La juventud sanitaria comparte exactamente esas mismas aspiraciones. No pide privilegios. Reclama algo mucho más simple, que el esfuerzo, la formación y la responsabilidad que asume cada día se correspondan con unas condiciones laborales y de vida dignas.

    Porque cuidar de quienes nos cuidan no es solo un acto de justicia social. Es una decisión estratégica para garantizar la sostenibilidad de nuestro sistema sanitario y de atención a la dependencia. Si queremos que las nuevas generaciones sigan eligiendo las profesiones sanitarias y sociosanitaria, debemos ofrecerles algo más que vocación: debemos ofrecerles un futuro.

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